Hiperproductividad 19/06/2008
Y para que no se quejen de lo abandonados que los tengo o de mi pereza escritora, haré uso de algo que escribí hace unos días para dejarlos leyendo aunque esto tiene duña propia:
"Es tu llamita la que calienta mis ramas en este oscuro invierno. Mi brasa indecente incandescente quiere salir por mis manos, por mis dedos, por la comisura de mis uñas y sus mugres, y sólo crea otra incontrolable catástrofe.
Este nudo de palabras en mi arteria principal no deja que la sangre me salga del corazón a la velocidad suficiente; se arremolina, se amontona, se coagula y se queda calladita como un niño pequeño planeando una venganza funesta. Por eso tuve que clavarme un esfero en el pecho para sacar desordenadamente escritos estos rencores y estas piedades, para dejar que el flujo limpie con renovada fuerza las más viejas ideas. Porque finalmente no quisiste darte cuenta de tu indudable protagonismo en la atrevida actuación de mis esperanzas. Y la esperanza es la madre de todas las tristezas".

