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Keep away!

por Kand
miércoles, 02 de marzo del 2011 a las 03:36
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¿Por qué estás ahí, tan mirándome? Parece que tienes algo que decirme y que pasó un viento cobrizo y te cerró el pico. Parece que tus palabras se escaparon un día a jugar a la golosa, que tuvieron un pleito con un vecino chileno, que se subieron al techo y nadie volvió a saber de ellas. Tienes tanto por decir cuando callas, que me asusto cuando escucho el crujir del silencio al romperse.

Se necesita tanto para deshacer lo hecho sin destruir, como para desdecir lo dicho. Debe ser por eso que tejes tus labios entre sí. Debe ser por eso que no recuerdo como era que debía hacerte la pregunta.

¿Por qué estás ahí, todavía tan ahí mismo? ¿Por qué no puedes simplemente levantarte y decir: “basta, no es gracioso, no puedo respirar en la lavadora”? Tendré que obligarte a mentir y a decir que fue tu culpa, que tú querías probar cómo se sentía y que yo era el único que alcanzaba los botones.

Ellos deben estar por llegar, ¿lo recuerdas? Como todas las noches después de cerrar la tienda. Ella va a saludar mirando los recibos y el desorden de la sala, dirá que no puede comprender en qué gastamos la tarde si terminamos las tareas a las 5. Él se pondrá a hacer su trabajo de escritorio y gritará con afecto “¿qué tal estuvo el día?” como si el día ya se hubiera acabado. Pero el día no ha muerto. Parece ser que ésta noche será larga y que tú no eres como el día, ni vas a llegar nunca a serlo.

Perspectiva

por Kand
lunes, 22 de noviembre del 2010 a las 19:49
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Me he sentido el malo del paseo destruyendo ilusiones y buscando mi camino. Por eso necesito cambiar mi perspectiva, darme cuenta de que soy responsable de mí, de lo que me pasa, pero no de cómo se sienten los demás frente a eso. Suena como consejos, de esos que son fáciles de dar y salen gratis en las galletas de la fortuna, pero que son abstracciones inaplicables para la vida. Ese es mi problema.

Mientras espero.

por Kand
martes, 07 de septiembre del 2010 a las 04:36
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Es curioso que ante algo tan grande como escribir se puedan atravesar bobaditas tan frecuentemente. Pero pasa. Y cuando no pasa, es como si pudiera ser un "pasatiempos", como si pudiera rellenar este momento de espera con cualquier cosa, cualquier conjunto de letras que al final son lo mismo porque a nadie le cambiarán la vida. Porque a nadie harán un milímetro más feliz.

Mientras espero escucho gritos y lamentos, silenciosos, libero presos y suelto nudos. Mientras espero le busco un carril a este tren loco o un sentido a la punta de la flecha de mi vida. Es eso lo que me hace cantar, contar, enseñar, preguntar todo lo que no debería saber. Es todo una búsqueda de sentido, un encuentro con una especie a la que aún no me adapto, un rechazo directo hacia el orden establecido del universo y su extraña tendencia de hacernos sentir viejos sólo por el paso del tiempo.

Cada quién tiene su sueño atravesado en la garganta, algunos en los riñones o en el hígado, habrá quien lo logre enterrar en el espacio de una uña o quien lo mantenga firme en el brillo de sus ojos. Mi sueño está en todo mi cuerpo porque quiero hacerlo todo. No quiero dejar que se niegue ninguna de las posibilidades de la existencia, aunque ese "ninguna" tenga que escribirlo entre comillas, junto a un paréntesis aclaratorio que señale un millón de condiciones especiales.

Hay tantos caminos por andar que no es lógico sentirse triste por haber perdido una de las posibilidades. Lo que pasa es que siento que es precisamente la millonésima oportunidad de conectarme con ésta realidad pero, bueno, será esperar a la siguiente.

Constru... yendo

por Kand
lunes, 05 de julio del 2010 a las 06:17
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¿Podemos seguir cometiendo los mismos errores? ¿Podemos seguir solucionando los problemas de la misma manera? Es en esos casos en los que me siento un sobrevividor y no un "buscador de Nirvana". Me siento estancado al enfrentarme a los mismos problemas que me inventé en el pasado y, peor aún, no ver más que las viejas respuestas facilistas y sin pantalones que antes utilicé (o que me utilizaron, ya ni eso sé). Tengo que quitarme el patrón karmático de hacer lo que sea para mantener la buena cara, caer bien, ser un tipo correcto. De todos mis traumas, el más difícil es precisamente el que más lleva conmigo y el que menos se ve que disminuya (o crezca, ¡o algo!).

Ad portas de un giro (otro en el intrincado mundo de la laberintosidad de mi historia de vida), me encuentro nuevamente con el problema de la búsqueda. Sigo paseando, viajero sin rumbo, tratando de que no se note mucho mi afán de huir. Y es que es más fácil empezar de nuevo (¿para recibir críticas favorables?) que tener que continuar en la adversidad o que tener que admitir que no hay forma de seguir por ese camino.

Es fácil ver que sigo siendo un consentido, que difícilmente acepta la derrota. Aunque cualquiera que comparta mis afectos puede reprochármelo, tengo que consignar mi opinión pseudoclínica al respecto: lo único que me ha enseñado a perder es el fútbol, en especial mi equipo amado.

Es por eso que hoy, con el tiquete de barco ya comprado, me siento mareado con el suave movimiento del suelo bajo mis pies, aunque no me haya subido todavía.

Tal vez encuentre adentro un algo que me anime: una razón que me ancle.

¿Dónde estarán, tarán?

por Kand
martes, 15 de junio del 2010 a las 01:06
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Acabo de darme cuenta de que no estoy solo... o de que estoy loco. No lo sé. Hay algunos (ay!, algunos) que por una razón indeterminada han llegado a través de las capas que me esconden, a verme por dentro: a leerme. Y es que uno en la red está expuesto, está atrapado, está dispuesto y en mi caso, al menos, se ha desnudado. Pero de ese puñado de seres que asumo son de este planeta, apenas si tres me han dejado comentarios, huella innegable de su paso, su presencia y su criterio. Y dos son cercanos así que, ¿quiénes serán los que han llamado a mi puerta? mejor aún ¿cómo habrán llegado? y ¿qué pensarán? ¿por qué no se expresan y discuten, debaten, aplauden, chiflan, dicen "aquí estoy"? Lo otro es que también, puede ser que sea yo mismo entrando desde diferentes computadores y/o cuentas con algún motivo extraño que no alcanzo a captar. Puedo hacerlo en una especie de parodia de la múltiple personalidad, como la de las películas.

Ahora, quiero saber quienes son pero me pregunto... ¿para qué?

Aquí vamos: viviescribiendo para mí.

por Kand
lunes, 31 de mayo del 2010 a las 03:16
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Me empaqué en un pequeño sobre con destino a Londres. Y es lógico, etimológicamente hablando, ya que esa ciudad tiene más del 75% de mi nombre. Sin embargo, el espacio que hay en un sobre Formato DL de 110x220mm es mucho más que el que tengo para mi vida en un lugar en el que no encuentro conexión con el mundo. Es mucho más que en las casi 100 horas de trabajo y estudio semanal, que en los años que he construido para otros y he divertido a la sociedad.

La vida está en otra parte, dijo con profunda ironía cierto pensador oscuro. Es que él sabe que, en otra parte, seguirá aplicando la misma frase, inmodificable, riéndose de todos nuestros afanes por encontrar un lugar mejor. No es que yo crea que lo haya, sino que busco mi oportunidad para darme un giro desde adentro. Hay tantas cosas que quiero mejorarme, que veo necesario volver a darme un baño de mundo.

Y aunque nada está dicho y es sólo una posibilidad mutante, creo que me ayudará a ponerme un objetivo y así, como siempre, conseguirlo con arrojo y osadía. Ese sí soy yo.

Temerasidad y otros inventos

por Kand
domingo, 09 de mayo del 2010 a las 04:28

Dejaste tu vida en la casa.

Fuiste al trabajo en medio de una fila de carros que avanzó indecisamente. Llegaste y respondiste los saludos; con pereza dejaste el paraguas y los guantes en su puesto. Sobre tu escritorio, tres montañas de trabajo señalan el orden de tu día: Lo que harás, lo que pretendes hacer cuando termines pero que sabes que igual no alcanzarás, y lo que dejarás para un después bastante parecido al reino de Peter Pan. Tanto por hacer y tan poco deseo.

Empezaste a leer saltando de palabras en palabra, como usando sólo los sostenidos en el piano. No encontraste nada sorprendente, nada importante, nada más allá de lo evidente, nada al menos comprensible: nada.

Luego, los comentarios intrascendentes de algunos de tus compañeros hicieron que el sopor que no logró salir por las ventanas se convirtiera en la aplicación del principio físico de la somnolencia.

Transgrediendo todas las leyes sociales conocidas, tu estómago rugió, se contrajo, presentó su postura política y la convirtió en una huelga general del sistema. Los módulos y oficinas vacías del contorno señalaron que los demás se habían ido y entonces sentiste ilusamente que tomabas la decisión de ir con ellos.

Y la que tanto te emocionó en algún tiempo lejano, la comida, te decepcionó entrando a formar parte de la fuerza maquinal de la inercia; la resignación con la que comiste hizo parecer que más que una obligación era un castigo. Seguiste con esa sensación de vacío: algo te faltaba.

Fue aún más difícil iniciar en la tarde, con el sol que te invitó a replicar tiempos mejores, con la nueva asignación de tareas que acrecentó el tamaño de las pilas que se supone deberías eliminar, y sobre todo con la intolerable sensación que produjeron las opiniones recargadas y discriminatorias que se escucharon desde el pasillo.

Hubo un asomo de activación en tu cuerpo cuando viste la hora en el reloj porque pensabas que pronto ibas a volver a casa. Al darte cuenta del error, toda la motivación se convirtió en tedio, en odio hacia la parsimoniosa tendencia del segundero y su rigidez incorruptible que no le permite saltarse ni un segundo.

Desesperaste. Todas las percepciones se hicieron irreales, inconexas, porque vagaste entre limbos y quimeras de forma indeterminada. Sin razón aparente, sólo atendiste al ruido de las sillas al correrse y de la puerta al abrirse, señales inequívocas del final de otra jornada. Al fin podrías recuperarla.

Completaste los demás deberes que consideras básicos para una existencia digna. Regresaste y lo primero que hiciste fue buscarla: sobre la mesa, en los cajones, tras los cuadros y hasta en el espejo. Pero no estaba ahí: no la encontraste.

La Tinta De La Sombra De Un Abrazo.

por Kand
domingo, 02 de mayo del 2010 a las 06:56

En los actos pequeños y cotidianos se esconden nuestras razones más profundas. O al menos eso fue lo que pensé, porque un abrazo había sido algo casi impersonal para mí, poco más que estrechar la mano de alguien que acabas de conocer, hasta el día que ella saltó a mi cuello con emoción sincera y después de un breve apretón de brazos, sonrió y me dio gracias. En ese momento me sorprendió, así que asumí que mi inestabilidad se debía a la conmoción del momento. Cuando la vi alejarse no hallé extraño que mi corazón latiera despacio y con fuerza y que, como lo pude comprobar más tarde, una marea de frío nacida en el punto exacto donde mis brazos fueron apretados por los suyos, recorriera mi cuerpo hasta hacerme cosquillas en los dedos de los pies.

Y vino el vacio.

Primero corporal, como un hambre de no sé qué porque no se sacia con comida de sal, ni de dulce, un juguito para la sed o un postre delicioso. Es más, continuaba ahí a pesar de que el estómago gritaba basta y la sensación alcanzaba a llegar a la base de la lengua, ubicada en el fin del cuello para mejores referencias. Luego pasó a ser sentimental, como una sensación de consentimiento, de querer ser niño y estar bajo el cuidado de alguien protector, alguien que pase sus horas velando con sus caricias nuestro sueño y se lleve lejos nuestros problemas. Y al final se volvió existencial, como una especie de sinsentido en todo y todos, una pregunta después de cada meta, una desesperanza hacia el porqué y el para qué de todo.

Desde entonces tengo la impresión de que se ha roto mi ancla y que navego sin rumbo, que no tengo una conexión con el mundo y que mis únicas posibilidades se encuentran en un alguien que traduzca mis emociones a lenguajes entendibles para humanos. De repente me di cuenta de que me he gastado demasiado tiempo en hacer las cosas bien sin preguntarme qué cosas, sin preguntarme qué quiero hacer y, sobre todo, sin tener a alguien a quién contárselo. Ahora me identifico con un enigma que nadie quiere resolver, que se cansa de entregar pistas y no hallar interés, que promete tesoros y está dispuesto a compartirlo todo, arriesgarlo todo y entregarlo todo pero que se queda esperando prudente “a la primera persona” que se decida a cruzar el umbral.

Siempre (desde hace algún siempre) he dicho que la enfermedad que nos acaba es la soledad. Hoy ya no sé si otro comparte esta sensación (solipsismo metodológico documental) de estar solo, si vibra con el abrazo de una desconocida que no tiene idea del temblor de tierra que generó, y si, peor aún, está dispuesto a compartir un pedazo de su mundo y un momento de su existencia.

He tratado de ser yo mismo y de ser otro más chévere, de esperar y de buscar, de retar al destino, de seguir indiferente, de escribir, de leer, de unirme a un grupo de librepensadores y a uno de los que no tienen que tener opiniones con respecto a nada. He buscado en grandes, en sencillos, en viejos, en niños viejos, en las personas más cercanas y en los más odiosos desconocidos. Pero siempre termino necesitando una droga que cubra ésta realidad y no me deje estallar en el llanto más inexplicable que supongo se puede llegar a tener, no porque me dé pena sino porque lo considero inútil y, de hecho, creo que generaría una dificultad mayor con respecto a mis propósitos.

Parece ser que debo seguir, sin poner en consideración desmedida dicha sensación para que así pueda vérseme como otro espécimen más de nuestra bella raza, y pueda tener una vida normal y familia, hijos, éxito, y una importante publicación en la que algunos lean esto y se depriman.

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